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La ducha vaginal, una práctica poco recomendable
La ducha vaginal, una práctica poco recomendable

POSIBLES INCONVENIENTES

La ducha vaginal, una práctica poco recomendable

Hay que tener presente que la propia vagina segrega un líquido para mantenerse limpia y húmeda y reducir así el peligro de infección.

Hay que tener cuidado con las duchas vaginalesHay que tener cuidado con las duchas vaginales

La ducha vaginal consiste en la irrigación de agua u otros líquidos preparados en el interior de la vagina para limpiarla como parte de la higiene femenina. La mayoría de las mujeres que la practican la realizan ayudadas por unas bombas o peras, de venta en farmacias y parafarmacias, que sacan el agua a presión.

Junto con la vulva, la vagina es el único órgano reproductor femenino en contacto con el exterior. Esto unido a la extrema delicadeza y sensibilidad al tacto que tiene, hace que muchas mujeres se esfuercen por proporcionarle una limpieza extra, o específica de esa zona, ya que una ducha general apenas incide en ella.

El agua irrigada a presión puede extender infecciones preexistentes hacia los órganos pélvicos adyacentes
Sin embargo, hay que tener presente que la propia vagina segrega un líquido (lo que habitualmente denominamos flujo o moco cervical) para mantenerse limpia y húmeda y reducir así el peligro de infección, problema sanitario muy frecuente, si bien en la mayoría de las ocasiones no reviste gravedad. La cantidad de dichas secreciones, ligeramente ácidas, depende de la edad de la mujer y del momento del ciclo menstrual, pero en cualquier caso son suficientes para mantener una higiene femenina óptima sin necesidad de recurrir a prácticas como la ducha vaginal.

Mesura con la ducha vaginal

Si, pese a todo, deseas hacerte una ducha vaginal, lo primero que has de tener en cuenta es que el cuerpo humano, en todos los casos, ha de ser tratado con cuidado y con mimo, sobre todo en zonas tan delicadas como la vulva y los genitales en general.

La ducha vaginal no debe ser diariaLa ducha vaginal no debe ser diaria
Un buen momento para este tipo de higiene íntima puede ser tras la ducha. Vierte el preparado, a base de bicarbonato sódico o vinagre, en la pera, túmbate y, con lentitud, introduce un poco el extremo o boquilla por la vagina, unos centímetros. Una vez dentro, presiona la bomba para que el líquido irrigue la vagina. Cuando te incorpores, el preparado caerá por sí solo al exterior arrastrando consigo los restos de suciedad (semen, menstruación...) si los hubiere.

Sin embargo, no conviertas la ducha vaginal en un paso más de tu higiene diaria, como pueda ser la ducha general y la hidratación. Si realmente quieres llevarla a cabo, limítala todo lo que puedas como, por ejemplo, a después de la regla, para eliminar posibles restos que se hayan quedado adheridos a las paredes vaginales.

Más riesgos que beneficios

No es recomendable hacerlo cada vez que se mantengan relaciones sexuales si éstas son habituales. Está extendida la creencia de que una higiene femenina de este tipo, al acelerar la expulsión del semen tras el coito, evita el embarazo, así como el contagio de enfermedades de transmisión sexual. No es cierto, así que no lo hagas por este motivo.

Una enfermedad asociada a las duchas vaginales frecuentes es la conocida como EPI
Pese a que se tiene constancia de que la ducha vaginal es una práctica muy extendida desde tiempos antiguos, los riesgos exceden a los beneficios, que se limitan, en realidad, a una mayor asepsia de la zona que deviene en la reducción de los olores. Pero el organismo va a seguir produciendo flujo de manera continua pese al lavado, por lo que se trata éste de un beneficio momentáneo y cada vez más efímero.

Los especialistas están de acuerdo en que la ducha vaginal puede alterar el equilibrio químico de la flora vaginal, lo que propicia la aparición de infecciones bacterianas debido, por ejemplo, al aumento de bacterias de cierto tipo presentes de manera inocua en la zona en cantidades normales. Además, y aunque a veces las molestias son evidentes, las vaginitis pueden cursar sin síntomas, por lo que puedes ignorar su existencia hasta que te hagas una revisión ginecológica rutinaria.

Una enfermedad asociada a las duchas vaginales frecuentes es la conocida como EPI (enfermedad pélvica inflamatoria), causada por bacterias que pueden viajar desde la vagina y el cuello del útero a los órganos pélvicos y que, en el caso de no ser convenientemente tratada, puede dar lugar a infertilidad o embarazos ectópicos (aquéllos que tienen lugar en las trompas de Falopio en lugar de en el útero).

La ducha vaginal no debe ser diariaLa ducha vaginal puede provocar enfermedades

Además, el agua irrigada a presión puede extender infecciones preexistentes hacia los órganos pélvicos adyacentes, como el útero, las trompas de Falopio y los ovarios, dificultando su tratamiento y agravando, asimismo, los síntomas.

Higiene íntima

Esto no implica que no haya que prestar atención a la higiene íntima. Muy al contrario, porque tampoco es recomendable que te laves los genitales con el mismo gel o jabón que empleas para el resto del cuerpo. Si lo haces, sentirás un escozor, en ocasiones muy pronunciado, que tardará minutos en desaparecer. Por ello existen en el mercado geles especiales sin colorantes ni aromas artificiales, con un pH determinado que preserva el estado natural de la flora vaginal y de las mucosas, específicos para una correcta higiene femenina. Una vez que lo apliques debes enjuagarlo abundantemente con agua, para aclarar cualquier resto de producto.

no conviertas la ducha vaginal en un paso más de tu higiene diaria
Por tanto, lo más recomendable es que la higiene íntima se circunscriba al exterior, concretamente a la vulva, los labios y el clítoris. Pero si quieres hacerte una ducha vaginal, valora muy bien los pros y los contras y consulta con tu farmacéutico cuando vayas a comprar la pera y el preparado, en su caso. No la realices con demasiada frecuencia y, si notas algo raro, como picor o variaciones en la cantidad, textura o color de tu flujo ajenas al ciclo menstrual, acude al médico.

Y, pese a que te sientas tentada a ello, nunca te hagas una ducha vaginal antes de una cita con el ginecólogo, ya que eliminarías el flujo necesario para el diagnóstico de una posible infección. Limítate a una higiene íntima superficial y confía en el especialista.

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