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El callejón oscuro
El callejón oscuro

EL SABOR DE SU VAGINA

El callejón oscuro

La introduje dentro de tu húmeda y excitada vagina, a la vez, que se estremeció todo tu cuerpo y me pedías a gritos sigilosos qué por favor no parara

Uno de los veranos más calurosos, la ciudad madrileña es protagonista de una historia de amor clandestina entre dos personas de clases diferentes. Lunes, 28 de agosto. La joven Laura a la espera impaciente de la carta de su persona amada, se arroja con entusiasmo hacia el cartero preguntando por su correo habitual. Al anochecer, después de la cena, Laura subió ansiosa a su cuarto con enormes ganas de descubrir el contenido de su última carta. Cuando no había peligro de interrupciones, se tumbó en su cama y se dispuso a leerla:

"Mi querida Laura,

Lamento la tardanza de mi respuesta, no he tenido tiempo suficiente para sentarme y dedicarte toda la duración que te mereces. Mi querida pelirroja, deseo poder robarte tantos besos como me sea posible, en tan solo pocos minutos, de esos labios rojos que me gustan tanto. Cada noche imagino nuestro reencuentro, un acercamiento fugaz llevado por la pasión, el erotismo y el antojo de tu piel que tanto anhelo. Mientras escribo esta carta recuerdo nuestro último encuentro en las calles pérdidas de Madrid. Recapitulo ese momento en cada oportunidad que se me brinda, me sonroja narrarte la humedad que me produce tan solo imaginarlo.

Con el bochornoso ambiente de una noche de verano

Tú, tan tímida y, a la vez, tan extrovertida provocaste en mi ser, desde el primer instante, una lujuria que no pude controlar. Revivo, en este momento, cómo mi cuerpo sin más razonamiento te secuestró hasta aquel callejón tan alejado y, sin dejarte pronunciar palabra, te presioné contra la pared lanzándome hacia a ti con la intención de devorar esos labios que pedían a gritos lo prohibido. Sin esperarlo me respondiste con la misma pasión que necesitaba y, ahora, necesito?.

Con el bochornoso ambiente de una noche de verano, la joven excitada memorando las palabras de su amada, se contorsionaba entre las frías sábanas que le ayudaban a apagar la necesidad de contacto sexual. Cerrando los ojos, se recreó en lo que narraba la carta provocando en su zona íntima una intensa y prolongada calidez que le pedía ser tocada. Respiración profunda, al dejar suelta su imaginación, comenzó a fantasear con el cuerpo de Ana. Un cuerpo alto, de piel clara y suave, con una espalda caracterizada por pequeños lunares colocados al azar. Una mirada traviesa y desafiante de unos ojos oscuros que intimidan sin pronunciar palabra alguna. Un pecho terso y dulce que te incita a degustar."

La joven prologaba su fantasía con el impulso de acariciar lentamente su cuerpo sudoroso de verano, a la par que excitado. Colocando sus dedos sobre sus labios, continuó bajando despacito hacia su pecho erecto sensible a cualquier caricia, provocando en ella suspiros intensos llenos de erotismo. Antes de seguir con su momento personal, decidió reanudar la lectura de la carta.

"Aún siento como nuestras lenguas se desafiaban en el reto de nuestro primer beso, como tu mente negaba la situación pero tu cuerpo me pedía que le proporcionara el placer que hasta ese momento desconocía. Cierro los ojos y soy capaz de percibir ese perfume tan delicado que envolvía la dulzura de tu cuello, incapaz de evitar dirigirme hacia él, hipnotizada por el apuro que me ocasionaba conocer el sabor de tu piel. Despegué mis labios insatisfechos de los tuyos que, entreabiertos con ganas de más, flotaban en la utopía de ese momento y, haciendo un pequeño paro en tu oreja, te susurre con toda la sensualidad 'Vas a conocer el gran placer que te puede proporcionar una mujer, no querrás que pare jamás'".

Me tomé la libertad de levantar aquel bonito vestido blanco con encajes

Me tomé la libertad de levantar aquel bonito vestido blanco con encajes que llevabas puesto y, elevando tu muslo tan tierno hacia mi cadera, presioné nuestras zonas intimas hasta fusionarlas en una. Así que te cogí de la mano y te introduje en la oscuridad del callejón. Envueltas en la adrenalina de ser descubiertas en una época tan complicada, no me pensé dos veces permitirme disfrutar de esas curvas peligrosas que contemplaba enfrente de mí.

Con esa delicadeza femenina que nos envolvía te desnude hasta llegar al meridiano de tu cuerpo. Un paisaje tan erótico como exquisito, dejando que me secuestrara durante horas. Entre suspiros cortos e intensos se cargaba el ambiente de verano de aquel Madrid tan solitario, saborear tu pecho erguido por mis besos húmedos, deslizar mi lengua por esa piel dulce han sido unas experiencias inexplicables. Pequeños mordiscos placenteros que te arrebataban movimientos pélvicos que pedían mi placer prohibido. Deleitándote con millones de caricias excitantes y besos humedecidos comencé a bajar hasta tu zona vulnerable, tu clítoris. Solté cerca de él, muy cerca, un pequeño aliento sensible para que supiera de mi presencia, noté como me concedía el permiso para continuar con mis travesuras. Tu cara reflejaba el viaje a un lugar alejado de aquel momento, sumergida en el placer que te estaba proporcionando."

Laura no podía continuar leyendo aquel conmemorado momento sin regalarse a sí misma un momento de placer. Sus dedos también sudorosos por el calor permitían un mejor desliz, mientras acariciaba sus labios mayores con la delicadeza que caracteriza a la mujer, su cuerpo deseaba que su mano continuara más adentro. Extasiada paró para acariciar, más lentamente, su pezón erguido y ardiente de pasión, alejando la cercanía de sus largas y pronunciadas piernas, subía sus dedos desde el interior de los muslos hasta la pelvis contraída de placer, presionado fugazmente pero de manera intensa en su clítoris. Mordiéndose el labio del gozo comenzó a proporcionarse placer muy despacito, primero con el dedo índice que rozaba muy tímidamente la superficie, sumando otro dedo más que ayudara, pero antes de continuar prefirió conocer como terminaba la carta de su amada.

Entonces supe el sabor de ese pequeña vagina humedecida

"Entonces supe el sabor de ese pequeña vagina humedecida, que se ha convertido en uno de mis sabores favoritos, era la mejor sensación que jamás podría haber imaginado. Era la primera vez que mi sentido gustativo me agradecía saborear algo tan delicioso. Mi lengua quería ser la protagonista del momento, de ese tan aventurado, le permití ser la heroína de provocarte el mayor deleite que habrías conocido en tu vida. Entre intervalos rápidos y lentos, tu pelvis se movía sin parar al ritmo que más te excitaba. No podía quedarme con las ganas de que sintieras mi lengua traviesa , que notaras que formaba parte de ti. La introduje dentro de tu húmeda y excitada vagina, a la vez, que se estremeció todo tu cuerpo y me pedías a gritos sigilosos qué por favor no parara. "

Estimulada por la situación, la joven no podía parar de estimular su clítoris e introduciendo sus dedos largos dentro de su vagina, cada vez más rápido, a la par que leía las palabras más fogosas. Respiraciones cortas, intensas y ágiles en proporción a su mano.

"Excitada casi a punto de llegar al primer orgasmo de tu vida, paré para poder disfrutar más del delicioso momento. Era el instante de hacerte sentir, verdaderamente, seducida por mis armas de proporcionar placer a una mujer. Mis manos sedosas y atrevidas invitaron a unos de sus miembros a introducirse dentro de ti, no esperabas esa sensación y se fugó de tu voz un efímero gemido que te arrebato una sonrisa instantánea. Más rápido, lento, más y más decías sin parar."

Un sollozo de excitación envolvió el cuarto de Laura, después de llegar al final de uno de los orgasmos más fogosos y triunfales. Dejando caer su mano cansada a un lado de su cuerpo aún estremecido por el placer, cayó en un profundo y plácido sueño sin aún terminar de leer su esperada carta que retozaba sobre su pecho.

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