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Peleas de pareja: cuando la vida conyugal se convierte en un infierno
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Peleas de pareja: cuando la vida conyugal se convierte en un infierno

La situación económica, el futuro profesional, una infidelidad o diferencias en la pareja puede convertir el matrimonio en un eterno castigo.

Dicen que la vida no es de color de rosa. Las relaciones de pareja cumplen este refrán al pie de la letra. El matrimonio puede elevarte al cielo como hundirte en el más profundo infierno. La convivencia con un compañero de vida puede ser un sueño como tornarse en una terrible pesadilla. Nadie dijo que el amor era fácil ni que era un camino de rosas, pero hay señales que pueden indicar el fin de un noviazgo y el comienzo de una nueva etapa en solitario.

¿Cuándo hay que decir "basta"? ¿En qué momento una discusión se convierte en una rutina diaria? ¿Es la ruptura la única solución? Existen una serie de situaciones que indican el desgaste de un amor que podría estar roto, el desmoronamiento de una relación que ya no tiene salvación posible.

En un matrimonio todo empieza como una experiencia idílica, el comienzo de una etapa marcada por la felicidad, el entusiasmo y la novedad. Sin embargo, la convivencia del día a día puede dar pie a una primera bronca, los encontronazos que provocan brotes benignos en la pareja: por qué estoy con él/ella, si merece la pena o si esto será así siempre.

Cuando llega una discusión...

No obstante, los choques no son del todo perjudiciales, siempre que no se llegue a un enfrentamiento físico. De hecho, las peleas sacan las diferencias que existen en la relación y la posibilidad de aprender más el uno del otro. Así mismo, el diálogo es un elemento muy importante, debido a que señala si realmente la persona con la que se comparte una relación, quiere conocer todo o pretende quedarse en lo básico.

La vida en pareja no siempre es fácil y hay señales que indican el final de una relaciónLa vida en pareja no siempre es fácil y hay señales que indican el final de una relación

Además, una bronca da pie a una reconciliación, una etapa que une más a la pareja y que solo trae pensamientos positivos. Incluso hace que los cónyuges estén más unidos que nunca, ya que se han demostrado que juntos pueden superar cualquier adversidad que se les venga encima. Por lo tanto, las peleas son fases obligatorias: siempre pasa, pero puede que no se supere.

En el caso de que la realidad se convierta en un infierno, que las peleas sean diarias y que, además, se llegue a las manos, la solución será muy distinta. Hay varios problemas que pueden desembocar en una relación tóxica, como una infidelidad, una tensión continua con la familia o una difícil situación económica.

Una terrible rutina

El dilema es cuando una bronca pasa de algo puntual a cotidiano. Porque una disputa puede tener solución o que simplemente se trate de una mala racha, pero los sentimientos no cambian y los malos gestos tampoco. Hay que saber dónde está el límite entre el amor y el odio, entre una relación sana o tóxica.

Uno de los retos que suelen aparecer son las diferencias en la personalidad o la mentalidad. Es muy complicado dar el brazo a torcer en una discusión, sobre todo en temas en los que se está totalmente convencido de lo que se dice. Un matrimonio debe basarse en la comprensión, en saber escuchar y aceptar que es imposible ser iguales y que los pensamientos contrarios pueden sumar, en vez de restar.

"O tus amigos y familia o yo"

Otro reto son las amistades. Hay parejas que no admiten hacer planes con amigos. Hacer planes de novios viene incluido en la relación, pero el pasar demasiado tiempo juntos puede desembocar en monotonía, en no innovar y tender al cansancio. Hay tiempo para todo: para salir con la pareja, con los amigos y con la familia. Lo importante es saber separar todas las partes y respetar la agenda de cada uno, teniendo tiempo para la intimidad y un momento a solas.

Cuando las discusiones llegan a las manos no tiene ningún sentido continuar con el matrimonioCuando las discusiones llegan a las manos no tiene ningún sentido continuar con el matrimonio

La familia es otro asunto donde hay que pararse a reflexionar. Cuando existen una bronca relacionada con familiares, las cosas pueden ponerse muy feas. Nunca hay que llegar al dilema de "o tu familia o yo", porque los familiares no se eligen, son los que han tocado por naturaleza. La mejor solución es basarse en el diálogo y no actuar como mensajero. Afrontar los problemas en pareja y plantarles cara aporta respeto y amor, dos pilares imprescindibles en la relación.

Caminos distintos

Así mismo, el futuro profesional es un factor que marca la convivencia. El llevar caminos separados puede provocar el distanciamiento de la pareja. Incluso puede darse la situación en la que uno de los dos avance más que el otro, lo que ocasiona ritmos dispares y, seguidamente, una discusión asegurada. Ante este conflicto, lo más adecuado es pararse a reflexionar y pensar si el noviazgo frena o se trata de una simple etapa que tiene un final.

Una pelea física sí que requiere poner las cartas sobre la mesa. Cuando las palabras llegan a la violencia, el matrimonio no tiene ningún sentido. No es una mera discusión, sino un grave enfrentamiento que puede desembocar en medidas legales y judiciales. Es la superioridad de uno sobre otro, la victoria del miedo y la ira contra el afecto y el querer. La muerte de la igualdad conlleva al fracaso de los cónyuges.

El problema del matrimonio es que la ruptura es una palabra tabú, algo inconcebible e impensable. Sin embargo, hay ocasiones en las que la separación es el mejor remedio. Se puede pasar uno o dos baches, pero no un socavón. Se puede perdonar un desliz, pero no uno detrás de otro. Se puede vivir en un purgatorio, pero no en un frustrante infierno.

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