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Cómo superar la muerte de un hijo sin que afecte a tu matrimonio
Cómo superar la muerte de un hijo sin que afecte a tu matrimonio
PÉRDIDA DOLOROSA

Cómo superar la muerte de un hijo sin que afecte a tu matrimonio

La pérdida de un hijo es una de las más dolorosas y difíciles de superar. Descubre algunos consejos para hacerla más llevadera sin que afecte a la relación con tu pareja.

La muerte de un hijo es una desgracia que afecta a todos aquellos padres que la sufren. Superar esta pérdida puede ser sumamente difícil y, además, puede afectar a la pareja provocando la ruptura del matrimonio tras la tragedia.

El proceso del duelo:

El proceso por el que pasan las personas tras la desgracia de perder a un hijo es bastante variable. Los dos miembros de la pareja pueden experimentar diferentes emociones y afrontarlas cada uno a su manera. Por eso, es posible que después de la tragedia el matrimonio se vea fuertemente afectado por la falta de entendimiento entre ambas personas.

Tras la muerte de un hijo la pareja puede experimentar diferentes sentimientosTras la muerte de un hijo la pareja puede experimentar diferentes sentimientos

Las emociones más comunes que experimentan ambos miembros del matrimonio son:

- Enfado o ira: sentir rabia hacia la situación o persona que ha causado la muerte de un hijo es lo más normal y forma parte del proceso de duelo. En ocasiones, no sabemos cómo canalizar esa ira y actuamos de manera impulsiva llegando a hacer daño a las personas que nos rodean.

- Desesperación y tristeza: los padres pueden sentirse desesperados a medida que pasa el tiempo porque chocan con la dura realidad de que su hijo o hija no volverá a sus vidas jamás. Sumergirse en una profunda tristeza tras la muerte es la manera que tienen de afrontar la tragedia. Sin embargo, hay que tener especial cuidado con esta tristeza porque puede derivar en una depresión que no sólo afecte a la parte emocional, sino que afecte a todos los ámbitos de las personas, incluida la relación de pareja.

- Culpabilidad: es inevitable que un padre o una madre se sienta culpable por la muerte de un hijo/a. Este acontecimiento tan doloroso se considera antinatural e inconscientemente nos hacemos responsables de la muerte de una persona que vino al mundo para que la cuidásemos. Este sentimiento desaparecerá cuando las personas atraviesen por las fases del duelo. Trabajar esta emoción es fundamental para ser capaz de superar la pérdida en un futuro.

¿Qué podemos hacer para afrontar esta desgracia?

En primer lugar, debemos permitirnos sentir todas las emociones anteriormente mencionadas. La función que tienen estas emociones es una manera que tiene nuestro cuerpo y cerebro para afrontar determinadas situaciones que nos producen muchísimo dolor.

La muerte de un hijo es una de las pérdidas más difíciles de afrontarLa muerte de un hijo es una de las pérdidas más difíciles de afrontar

Es imposible no pensar que esta tragedia no se va a superar jamás. Recordar que no se trata de superar sino de aprender a vivir con ella y tratar de que tu vida no se eche a perder.

En segundo lugar, no podemos hundirnos en soledad. Si contamos con una pareja en la que poder apoyarnos es imprescindible compartir con ella todos nuestros sentimientos y pensamientos. De esta manera, la comunicación será mucho más efectiva y podemos encontrar una fuente de alivio en alguien que está pasando por lo mismo que nosotros.

En tercer lugar, tenemos que renacer y revivir. No se trata de olvidar a nuestro hijo o hija, sino de buscar la manera para que este hecho no suponga nuestra propia muerte en vida. Los seres humanos tenemos una capacidad llamada resiliencia para poder adaptar nuestra vida a aquellos hechos o situaciones traumáticas. Siempre hay una manera para salir de la tragedia con la que tenemos que vivir. La clave es la actitud con la que decidas afrontar los hechos adversos y, a veces, solo contamos con dos opciones: sumergirte en una profunda depresión o luchar por volver a vivir tras la tragedia.

¿Cómo se ve afectada la pareja tras la muerte de un hijo o hija?

Cuando pasamos por esta desgracia, cada persona se centra única y exclusivamente en su propio dolor porque es tan intenso que no deja espacio para comprender el dolor de los demás.

Es habitual que la relación de pareja se desestabilice tras la muerte de un hijo/a porque ambos miembros viven y sienten de manera diferente la situación. La falta de entendimiento y de comprensión hace que ambos se sientan solos en su propio dolor y pueden aparecer las culpas hacia uno mismo o hacia la persona que tenemos al lado. Culpabilizar al otro no es más que un mecanismo de defensa inconsciente con el que tratamos de aliviar nuestro dolor interior.

Es habitual que un miembro de la pareja culpe al otro por la pérdidaEs habitual que un miembro de la pareja culpe al otro por la pérdida

Cada miembro del matrimonio puede adoptar un rol diferente en el que, por ejemplo, uno de ellos sienta una tristeza profunda y sufra un período de depresión y ,el otro miembro, no sea capaz de canalizar la rabia que siente y se muestre más distante y menos pendiente de su pareja. En muchos casos, ninguno de los dos integrantes del matrimonio son capaces de reconocer sus emociones y gestionarlas para tener en cuenta a la persona que tienen al lado. Esto puede ser el desencadenante de múltiples discusiones, faltas de respeto, desplantes, etc. Lo que más adelante provocará la inevitable ruptura de la pareja.

¿Qué podemos hacer para prevenir la ruptura?

Si tras la muerte de un hijo o hija la pareja rompe, ambos miembros no sólo van a sufrir una pérdida, sino dos. Por ello, es importante conocer cuáles son las pautas que podemos seguir para que esto no suceda.

Ponerse en manos de un especialista es la mejor decisión que se puede tomar. Tras la desgracia, nos sentimos tan vulnerables que somos incapaces de dirigir nuestros sentimientos y nuestra vida. Compartir nuestras emociones con una persona ajena a nuestro entorno hace que su objetividad nos sea más útil. Así que, aconsejamos que no se desestime la posibilidad de ir a terapia.

No podemos olvidarnos de nosotros mismos, pero tampoco de nuestra pareja. Debemos entender que ambos afrontan la misma situación y sufrimiento pero su manera de manifestarlo es diferente. La respuesta de nuestra pareja ante una pérdida puede ser tan distinta que hasta ese hecho nos haga daño.

Es posible que nuestra pareja sufra un período de depresión y creamos que no está haciendo nada por superar la muerte o por ayudarnos. Tenemos que ponernos en la piel de la otra persona. Empatizar en estos momentos es una de las mejores ayudas que podemos dar.

Tenemos que apoyarnos en nuestra pareja y fomentar la comunicaciónTenemos que apoyarnos en nuestra pareja y fomentar la comunicación

Tenemos que compartir el dolor. Hablar con nuestra pareja de lo que ha sucedido, por muy doloroso que parezca, es una manera de abrir nuestro interior y mostrar lo que sentimos para que la otra persona lo comprenda. Fomentar la comunicación en estos casos es fundamental para no perder la esencia que une al matrimonio.

Hacer partícipe a la otra persona del proceso de superación. Si contamos con la ayuda de nuestra pareja puede que el proceso de duelo sea mucho más fácil de llevar que si decidimos hacerlo por nuestra cuenta. Tenemos que ser capaces de superar las tensiones que se generan tras la muerte e, incluso, compartirlas con otras personas que estén atravesando por la misma situación que nosotros.

A veces, no somos capaces de encontrar herramientas para gestionar las situaciones que se nos presentan. Por eso, pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía porque compartir lo que sentimos con otras personas es un proceso doloroso que mucha gente no es capaz de hacer.

Ambas familias también forman una pieza clave en nuestras vidas, incluso en la vida de pareja. La unión que se puede crear tras la muerte de un hijo puede ser una de las mejores medicinas. Nos ayudarán a seguir viviendo momentos juntos, a despejar nuestra mente del dolor, a fomentar nuestra relación y, en definitiva, a poder vivir con la desgracia de haber perdido un hijo de una manera sana.

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